Lean esto
Será porque mis días empiezan tarde y mis noches son demasiado largas. Será porque mi niñez sigue extraviada. Será porque las sonrisas me han dado la espalda. Será acaso porque no hay peor solitario que aquel que amanece con resaca. Quizá porque soy demasiado joven para sentirme amargado. Puede ser por tantas cosas, pero ayer amanecí con ganas de encerrarme en el sótano de mis contrariedades. Así que me quedé tirado, me reporté enfermo, contemplé el techo un rato, reflexioné sobre las escasas opciones en mi futuro, encendí algunos cigarros, puse a enfriar las chelas, me rasuré acostado, pasé de bañarme, atisbé por la ventana, escuché ruidos extraños en la azotea y mejor puse un disco de Los Amigos Invisibles para sentirme acompañado. Ya por la tarde, consciente de que me descontarían la jornada laboral, intenté al menos que mis horas no fueran tan emotivas como el funeral de un carcelero. Pude ennumerar mis defectos, pero hice una lista de las cosas que empeoran mi pésimo humor e incomodan mi caótica existencia.
Mis bondades son escasas y mis odios parecerán exagarados. Odio a los sujetos que se hacen los dormidos en el Metro para no cederle el asiento a las señoras embarazadas.
Odio... A los vagoneros que le suben todo el volumen a su mochila estereofónica. A los vigilantes del Metro que se hacen de la vista gorda mientras los pasillos se convierten en un tianguis. A los policías que se la pasan diciendo guarradas a las mujeres solas. A las mujeres policías que parecen hombres. A los policías que parecen embarazadas. A los presidentes que solapan la corrupción de sus amigos y fomentan el enriquecimiento de sus familiares. A Vicente Fox por mandilón. A Calderón por solapar a Elba Esther Gordillo. A los priístas porque protegen al gober precioso y a otros funcionarios igual o más corruptos. A los políticos que coleccionan departamentos en Polanco, Miami, Cancún, Nueva York y Las Vegas.
Y sí, también odio a las viejas que se creen princesas pese a vivir en la peor calle de mi barrio. A los idiotas que traen más arreglado su auto que el cerebro. Odio que las narcoejecuciones ya no sorprendan a nadie. A los curas pederastas que se escudan en el poder de la Iglesia. Odio que este país esté lleno de ladrones de cuello blanco y banqueros agiotistas. Odio que el dinero gobierne a los poderosos y la ambición sea la amante de los políticos. Y además el humor baratísimo de Jorge Ortiz de Pinedo y los chismes piñatas de Paty Chapoy y compañía.
Por si no bastara, detesto a los que se emborrachan y te dicen cosas como “te quiero un chingo, mi hermano”. A las mujeres ebrias que se suben a bailar a las barras de los antros. A los taxistas, microbuseros y demás choferes que se estacionan en doble fila. A las zorras que le ponen el cuerno a sus maridos con el más imbécil de su oficina. A los imbéciles que engañan a sus mujeres con la más zorra de su oficina. Los noticieros que avalan cada fraude electoral y son los primeros en felicitar al “elegido”. Detesto a las viejas calenturientas que se embarazan del primer estúpido que les habla bonito. Igual que detesto la fila de los bancos en quincena.
También maldigo las telenovelas y a sus niñas rebeldes de aparador. Y no soporto las canciones de Panda que se roban frases de My Chemical Romance. Igual, no soporto a las chavitas que se ponen como histéricas por Reik o Alison... las canciones que repiten frases tan “profundas” como “eres el aire que respiro” o “dime que sólo eres mía”. No aguanto a las mujeres que se cortan en pelo en estéticas para perro. Y me chocan los adolescentes que se disfrazan de emo rockers con la ropa de su hermanita menor. Para colmo, me desesperan los punkies que nunca han escuchado a Los Ramones.
A grandes rasgos, reniego de los jóvenes de mi generación, que se empeñan en sepultar sus sueños. Y desconozco a los nuevos adolescentes que adolecen de falta de espíritu.
Como muchos, detesto los peseros que van llenos de bultos y señoras gordas. Detesto que se acaba el agua caliente justo cuando me estoy bañando. Que el futbol mexicano sigua igual de mediocre. Que las noticias sean un recuento de sangre y violencia. Que mis vecinos sean chismosos y maleducados. Que mi sueldo sea tan miserable. Que este país se caiga a pedazos a cada rato y nadie parezca sorprendido. Que este espacio sea tan breve para seguir enumerando lo que tanto odiamos.
Finalmente, reniego de la gente miserable, la que no responde un “buenos días”, la que te empuja en el Metro, la que golpea a los niños, la misma que se mete en la cola del cine y que educa a sus hijos con telenovelas, la que sólo lee el TV Notas, la que te roba hasta la buena vibra, la misma que seguro se identifica con estas líneas. Así que mejor ahí le paramos, en lo que pienso en una segunda parte. Por supuesto, se aceptan sugerencias.
largo pero me gusto.
